Esta vez no…

«El adiós ya estaba escrito y, como siempre, no supieron leerlo en mis ojos; como tampoco lo que me hizo sentir lo que nunca me dijeron.»

Esta vez no pienso quedarme con las ganas de decir lo que pienso ni voy a frenar lo que siento, aun cuando eso me condene y me lleve de regreso al lugar que nunca debí abandonar: el olvido.

Esta vez no quiero dejar ningún punto suspensivo suspendido entre mis letras y me hagan avivar una esperanza que ya está muerta.

Esta vez no voy a permitirle a mis ojos derramar una lágrima más ni a mi corazón una rendija por donde pueda sangrar.

Esta vez no perderé ni un minuto más de mi vida esperando por algo o alguien, quién sabe quién, que no vendrá.

Me cansé de esperar.

Esta vez no voy a soñar con principios inesperados ni finales felices, no tengo tiempo ni espacio para más cicatrices.

Esta vez no habrá silencios que romper, errores que perdonar, distancias que acortar ni nada ni nadie a quien extrañar.

Esta vez no volveré a sentirme culpable, no tengo cabida en mi vida para la tristeza, las ausencias y el dolor insoportable.

Esta vez me levanto, recojo mi mierda, me olvido del pasado, sonrío y desde el fondo de mi corazón digo adiós.

Adiós.

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Un comentario sobre “Esta vez no…

  1. Hola de nuevo, este escrito me recordó el poema de Luis Cernuda ¨Donde Habita el Olvido¨ uno de mis poetas españoles preferidos, cuando no puedo explicar con mis palabras tan sinceras, dolientes, casi gélidas, como las tuyas, la poesía de otros me conmueve como cada una de tus palabras, me haces sentirme a tu lado al leerlas, como dos viejos amigos que no guardan secretos, en fin, que la poesía nos siga uniendo allende la distancia. Es un gusto leerte tan seguido. Hasta pronto

    Donde habite el olvido,
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo solo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allá donde termine ese afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.

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